Seguimos en semanas de Mundial, de partidos, de tertulias, de lesiones comentadas como si todos fuéramos traumatólogos y de esa extraña sensación de que el fútbol sigue siendo capaz de colarse en cualquier conversación.

Hace unos días, mi amigo Rafa jugó un partido de fútbol de empresa. Lo que en teoría iba a ser un rato divertido, de hacer equipo, una pachanga sin demasiadas pretensiones, terminó bastante peor de lo previsto: no se rompió un tendón de Aquiles, sino los dos!!. Nada menos que 6 semanas sin apoyar los pies en el suelo. Hay lesiones que uno escucha y ya le duelen, la propia lesión y lo que viene después. Ánimo Rafa!!

A mí estas historias me afectan especialmente porque hace ya años tomé una decisión bastante radical: dejé de jugar al fútbol.

Tenía 31 años cuando, en otro partido de empresa, me rompí el ligamento cruzado anterior y el menisco. Y desde aquel día no he vuelto a tocar un balón.

Drástico? Puede ser. Pero, a esas alturas, tampoco creo que me estuviera esperando ninguna gloria deportiva al otro lado. No iba a llegar una llamada de última hora de ningún ojeador, ni un contrato, ni un reconocimiento especial por seguir jugando partidos de empresa con la intensidad de quien todavía cree que está disputando una final.

Llegada cierta edad, quizá conviene elegir mejor los riesgos. Si hay deporte, mejor que haya una red de por medio, que no haya contacto o que el principal adversario seas tú mismo, el terreno o la distancia. En mi caso, el fútbol dio paso primero al running, después al trail running y también al buceo. Deportes en los que puedes lesionarte, por supuesto, pero donde al menos no dependes tanto de una entrada tarde, de un giro inesperado o de una disputa absurda en el centro del campo.

 La rodilla, en el fútbol, tiene su propia leyenda negra: la llamada “tríada infeliz”.

Clásicamente se describe como la lesión simultánea del ligamento cruzado anterior, el ligamento colateral medial y el menisco. Es una combinación especialmente temida porque afecta a tres estructuras clave para la estabilidad de la rodilla.

Cuando las tres fallan a la vez, el problema no es solo el dolor inicial. Es la reconstrucción, la rehabilitación, la recuperación de la confianza y la vuelta progresiva a movimientos que antes parecían automáticos.

En 1996, jugando con la selección española sub-21 ante Eslovaquia, Álvaro Benito sufrió la famosa triada en la rodilla izquierda: rotura de ligamento cruzado anterior, colateral interno y menisco interno. Era una de las grandísimas promesas de la cantera del Real Madrid. Volvió a jugar tras varias operaciones, pero nunca recupero continuidad y termino retirándose muy joven. Después se reinvento como músico con pignores, entrenador y comentarista.

En Iberia NCA también trabajamos con nuestra propia tríada. Afortunadamente, no es infeliz. Al contrario: cuando funciona, es probablemente la mejor explicación de nuestro modelo. Tres piezas distintas, con intereses propios, pero que solo generan todo su potencial cuando encajan bien.

Empresario, emprendedor e inversor.

El empresario ha construido una compañía durante años. Conoce sus clientes, su equipo, sus proveedores, sus problemas y sus fortalezas. Muchas veces no busca simplemente vender. Busca continuidad, tranquilidad, respeto por lo construido y una transición que no destruya en pocos meses lo que ha tardado décadas en levantar.

El emprendedor, por su parte, no quiere crear una startup desde cero ni perseguir una idea sin mercado. Quiere liderar una empresa real, con historia, clientes, caja y potencial. Quiere asumir responsabilidad, pero no desde una hoja en blanco, sino desde una base sólida sobre la que construir una nueva etapa.

Y el inversor aporta capital, disciplina, gobierno corporativo y visión de largo plazo. No entra para sustituir al empresario ni para dirigir el día a día, sino para facilitar que esa transición se produzca con recursos, estructura y acompañamiento.

 Cuando esas tres piezas están alineadas, el modelo cobra sentido.

El empresario encuentra una solución de sucesión. El emprendedor encuentra una plataforma desde la que desarrollar su carrera empresarial. Y el inversor accede a compañías rentables, consolidadas y con potencial de crecimiento bajo un liderazgo alineado.

En nuestro programa, además, hay un elemento que nos parece especialmente relevante: la edad y el perfil senior de muchos de los emprendedores.

No hablamos de perfiles recién salidos de una escuela de negocio que buscan su primera experiencia profesional. Hablamos de personas que ya han trabajado, dirigido equipos, gestionado complejidad y vivido ciclos empresariales. Esa madurez ayuda mucho en el encaje generacional con el empresario vendedor.

Porque en una operación de sucesión no basta con tener capital y ambición. Hay que generar confianza.

El empresario tiene que ser capaz de mirar al nuevo líder y pensar que su empresa queda en buenas manos. No solo desde el punto de vista financiero, sino también humano, operativo y cultural.

Desde Iberia NCA apoyamos el programa en distintas fases, pero quizá nuestra contribución se centra muy especialmente en la relación con inversores en Iberia, el análisis de las oportunidades de inversión y, cómo no, el siempre entretenido mundo del fundraising.

Pero el modelo nos enamoró por esa combinación de factores, y la vertiente de apoyo y empuje a un emprendedor que facilite la transición de un empresario a una nueva etapa de gestión patrimonial. Ahora queremos potenciar más esas vertientes, y por eso hemos incorporado en nuestra web una sección específica para empresarios (https://iberia-nca.es/empresarios/) que estén valorando una transición ordenada de su compañía y otra para emprendedores(https://iberia-nca.es/emprendedores/) que quieran explorar el programa de adquisición y gestión de empresas. La web internacional de NCA sigue siendo la referencia principal del programa, especialmente en inglés, pero creemos que desde Iberia podemos ayudar a acercar el modelo a empresarios y profesionales de nuestro entorno. Si eres empresario y estás pensando en el futuro de tu compañía, este modelo es una buena alternativa. Si eres emprendedor y te interesa liderar una empresa real, rentable y con historia, este es un camino a explorar.

Y si eres inversor, probablemente ya entiendas por qué esta tríada nos parece tan poderosa, ya demás rentable.

Porque cuando empresario, emprendedor e inversor están bien alineados en sus objetivos vitales y económicos, la operación deja de ser simplemente una compraventa.

Nuestro modelo, esa es precisamente la jugada que ayuda a construir.

Este es el botón mágico para decirnos adiós. No lo haremos fácil emocionalmente (aunque técnicamente lo sea). Te vamos a echar de menos, como en toda buena familia.
Y si un día decides volver, aquí estaremos, con los brazos abiertos y el café recién hecho.
Gracias por habernos acompañado!!!!

Por el contrario, este el botón maravilloso y extraordinario para que se puedan suscribir amigos y conocidos.

Nos vemos en el siguiente capitulo.

Seguir leyendo

View more
caret-right